Boda en verano en Sevilla: cómo plantarle cara al calor
En julio, la media de las máximas en Sevilla ronda los 36 grados. Se puede celebrar una boda preciosa en pleno verano, pero hay que diseñarla pensando en el sol: horarios, sombra, agua, menú, ropa y un plan para los invitados mayores.

Quien haya pasado un mes de julio en Sevilla no necesita estadísticas, pero ahí van: según los valores climatológicos normales de AEMET para el aeropuerto de Sevilla, la media de las temperaturas máximas es de 36 grados en julio y de 35,5 en agosto. Y hablamos de medias, que incluyen días buenos. Por las noches, las mínimas rondan los 20 grados.
¿Significa esto que no hay que casarse en verano? En absoluto. Hay buenas razones para hacerlo: vacaciones, días larguísimos, noches para estar al aire libre hasta tarde y, a veces, mejores precios en algunas fincas. Solo hay que diseñar la boda pensando en el sol desde el primer minuto.
El horario lo es todo
La regla más útil es sencilla: que nadie tenga que estar al sol entre las dos y las siete de la tarde. En la práctica, eso desplaza toda la boda hacia la tarde-noche.
En junio no anochece hasta pasadas las nueve y media, así que una ceremonia a las ocho y media o a las nueve de la tarde se celebra con luz natural y con el sol ya bajo. El cóctel coincide con la puesta de sol, que es justo la hora en que mejor salen las fotos, y la cena empieza cuando refresca.
Si os casáis por la Iglesia y la parroquia solo tiene horarios a media tarde, pensad en el trayecto y en lo que pasa después. Un cóctel bajo los árboles o en un patio con sombra, con bebida fría desde el primer minuto, es la mejor manera de compensar una ceremonia a las seis.
La ceremonia: sombra, orientación y duración
Si la ceremonia es al aire libre, visitad la finca a la misma hora a la que se celebrará y mirad dónde da el sol. Hay jardines preciosos a mediodía que a las siete de la tarde dejan a la mitad de los invitados con el sol de frente.
Algunas ideas que funcionan:
Orientar el altar para que los invitados tengan el sol a la espalda y no en la cara, y vosotros tampoco.
Aprovechar la sombra de árboles grandes o de una fachada, aunque haya que mover el montaje unos metros.
Si no hay sombra natural, toldos, velas tensadas o sombrillas grandes. Preguntad a la finca si los tiene o si hay que alquilarlos.
Una ceremonia de veinte o treinta minutos, no de una hora. Las lecturas largas, mejor en la cena.
Agua, abanicos y pequeños detalles
Aquí los detalles no son decoración, son logística. Una mesa con agua fresca y limonada a la llegada, antes incluso de la ceremonia, se agradece muchísimo. Si queréis regalar algo a los invitados, los abanicos son un clásico por algo; las sombrillas de papel, si la ceremonia es al sol, también.
Pensad en los invitados mayores y en los niños: sillas a la sombra reservadas para los abuelos, una zona interior fresca para quien la necesite y alguien pendiente de ellos. Y avisad en la invitación de que la ceremonia es al aire libre, para que nadie aparezca con tacón de aguja en césped o con traje de lana.

La comida y la bebida
El menú de verano tiene que ser ligero y aguantar bien el calor. Los fríos, los pescados, las cremas frías como el salmorejo o el ajoblanco y las frutas de temporada son buenos aliados. Los platos muy pesados o las salsas con nata, peor.
Preguntad al catering cómo mantiene la cadena de frío durante el cóctel: cuánto tiempo pasan los platos fuera, si hay mesas con hielo, dónde se colocan los quesos y los embutidos. Lo mismo con la tarta y los postres: la nata, el chocolate y las coberturas no aguantan media hora al sol. Lo ideal es que salgan en el momento.
Y una regla de oro para la barra: que haya agua fría a libre disposición durante toda la noche. Parece obvio, pero más de un invitado acaba deshidratado entre tanto gin-tonic.
La ropa de los novios
Con 30 grados a las ocho de la tarde, los tejidos importan muchísimo. Para el vestido, los tejidos naturales y ligeros (seda, gasa, algodón, crepé fino) y los cuerpos que transpiran. Para el traje, lino, algodón o lanas frías muy ligeras, y colores claros si os gustan. Un chaqué de lana gruesa en agosto es un acto de valentía.
Llevad un plan para la noche: unos zapatos cómodos, un segundo vestido o el traje sin chaqueta para la fiesta. Nadie os va a reprochar quitaros la americana a las doce.
Flores que aguantan
Las flores también sufren. Algunas, como las hortensias, se deshidratan rápido fuera del agua. Pedid a vuestra florista flores de temporada y resistentes, y preguntad cuánto tiempo estarán montadas antes de la ceremonia. El ramo de novia, si puede, que pase el rato previo en un sitio fresco.
Qué preguntar a la finca
Antes de reservar una finca para una boda de verano, haced estas preguntas:
¿Hay zonas de sombra suficientes para el cóctel con todos los invitados a la vez?
¿El salón interior tiene aire acondicionado y está disponible como plan alternativo?
¿Hasta qué hora se puede estar en el exterior? Algunas fincas tienen límites de música al aire libre.
¿Cómo se gestiona el riego del césped? (Que no salten los aspersores durante la ceremonia es un clásico.)
¿Hay mosquitos cerca de alguna zona de agua y cómo lo controlan?
Esta última pregunta parece menor hasta que tenéis una cena junto a una alberca en agosto.
Un último consejo: el ensayo
Si podéis, acercaos a la finca una tarde de verano antes de la boda, a la misma hora que la ceremonia. Sentaos donde se sentarán los invitados diez minutos. Si os sobra el abanico, vais bien. Si estáis sudando, todavía estáis a tiempo de cambiar algo.
Si estáis pensando en una boda de verano y queréis ayuda para elegir horarios y espacio, contadnos qué tenéis en mente.


